Esta mañana me he puesto un traje de chaqueta beige
con una camiseta negra y zapatos beiges; los zapatos tenían mucho tacón. Me he
tenido que cambiar el traje entero porque no tengo otros zapatos que vayan con
ese traje. Vestido verde, ajustado y con escote de pico; me hace tripa.
Pantalón negro y camisa blanca; muy típico de entrevista. Finalmente me he
quedado satisfecha con un vestido camisero gris, tacones grises y un pañuelo
rosa palo en el cuello. Todo esto son las rentas de cuando trabajaba porque
desde que estoy en paro apenas me he podido comprar ropa. Lo que nunca cambia
para las entrevistas es mi ropa interior; un conjunto fetiche, color verde
hoja, que me compré en Womans and pretis, como dice mi madre ¿Womans and
petris, mamá? Sí hombre, la tienda esa donde os compráis los bañadores ¡Ah,
vale!
Lo que más nerviosa
me pone de las entrevistas son las dichosas preguntitas. Además, me parecen
absurdas porque no creo que muestren si eres apto o no para el puesto. Ni
siquiera que tipo de persona eres. Como mucho muestran tu habilidad dialéctica
y tu capacidad para encontrar respuestas brillantes y acertadas. Yo creo que
toda esta parafernalia de preguntas y pruebas es un rollo que se inventan los
de recursos humanos para justificar su trabajo. Por eso las preguntas son cada
vez más rebuscadas.
La última entrevista de trabajo que hice fue para una
empresa que construía centros comerciales. El trabajo no me apasionaba, pero
pagaban bien, te hacían contrato y el horario era bueno. Me entrevistaron un
señor de unos cincuenta años y una chica joven con voz afectada y una
artificial amabilidad que, desde el principio, me hicieron pensar, sin
equivocarme, que era la de RRHH. Sí, sí, es así. Yo no sé porqué. No sé si les
dan un curso o qué, pero la mayoría adoptan la misma actitud. Es como si te
estuvieran diciendo; te encantaría trabajar en esta empresa porque somos súper
comprensivos y súper guays. Me pregunto si pondrán el mismo tono cuando tienen
que despedir a alguien. Me imagino que sí, pero esta vez dicen; lo siento, ya
no vas a trabajar con nosotros que somos tan comprensivos y tan guays… Bueno, a
lo que iba; la entrevista fue muy bien. Preguntaron por mi currículum, mi
experiencia, mis intereses… Después, la chica, entrelazó los dedos de las
manos, apoyó la barbilla en ellas y con la misma voz afectada, una dulce
sonrisa, artificial, y llamándome por mi nombre me preguntó por: mi mayor reto
profesional, mi mayor reto informático y mi mayor reto personal. El profesional
y el informático no eran difíciles de contestar, pero el personal… A mí lo
único que se me ocurría era aquella vez, en un bar, que había un tío que estaba
muy bueno y todas mis amigas se lo querían ligar y, al final, me lo ligué yo.
Me imagino la cara que hubiera puesto la de la voz afectada si le hubiera
contestado eso.
Es por eso que me pongo tan nerviosa con las
entrevistas de trabajo. Sólo puedo pensar en las preguntas que me van a hacer y
si se me ocurrirá alguna mentira brillante y acertada para contestarlas. A tal
punto llega mi obsesión con las preguntas que un día que me estaban
entrevistando para un estudio muy importante y conocido aquí en Madrid,
llegando al final de la entrevista, después de haber salido airosa de todas las
preguntas que se le ocurrieron al terrorista de RRHH, la chica que me
entrevistaba abrió el ordenador y me enseñó el organigrama de la empresa. Al
frente aparecían las fotos de dos hombres trajeados. De cada uno de ellos salían una
serie de flechas hacia abajo y sus subordinados,
- Tú reportarías a esta
persona. - me dijo la chica señalándome una de las fotos, y continúo - ¿Cómo es esta
persona?
Claramente no me estaba haciendo esa pregunta a mí sino que en ese
momento se disponía ella misma a contestarla. Pero yo, con mi obsesión por
responder a todas las preguntas, tragué saliva y, titubeando, empecé a
contestar,
- Pues… así… por la foto… parece una persona con gran personalidad…
Menos mal que la chica me interrumpió enseguida porque no sé que hubiera sido
capaz de decir. Vamos, que yo, con mi obsesión por contestar y contestar,
contesto a cualquier cosa.
Me contó Marian que, en una entrevista, no hacían
más que preguntarle por su vida personal y si pensaba tener hijos… Marian
eludía estas preguntas de la forma más diplomática que podía y, al final, el
chico le preguntó que cuándo le iba a venir la próxima regla. Por su puesto Marian
le dijo que eso no era asunto suyo y el chico salió del paso diciendo que era
por una prueba médica que tenía que pasar. Yo, con mi obsesión por contestar,
seguro que le hubiera dicho cuando era mi próxima regla y hasta cuando había
echado el último polvo.
Uff! Ya son las 11.00! Tengo que irme ya. El estudio
en el que tengo la entrevista está en Monte Carmelo, donde Sansón perdió el
flequillo. Lo he mirado en Internet y es una urbanización de las afueras de
Madrid. Tengo que coger dos metros y he calculado una hora larga para llegar
hasta allí.
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