lunes, 26 de noviembre de 2012

CAPITULO 12. LUNES

Esta mañana ha venido mi hermana Valeria para que le cortara el pelo. No es que yo sepa de peluquería, pero siempre me ha gustado, y en la facultad era yo la que peinaba a mis amigas, les teñía el pelo…, e incluso les cortaba las puntas.
 -          Hola cariño. - me ha dicho al entrar dándome un beso - ¿Qué tal todo?
-          Bien. - le he contestado, besándola también - Estoy haciendo café y tostadas ¿Quieres?
-          ¡Uy, sí, gracias, vengo muerta de hambre!, pero para mí una infusión, porfa.

He puesto las tazas y un plato con dos tostadas con tomate, aceite, sal y jamón y hemos ido al salón.

-          ¡Ummm, me encantan estos desayunos a lo granadino! – Valeria estaba dando un mordisco a la tostada - ¿Por qué es tan difícil aquí que te pongan una tostada con tomate? Una vez pedí una tostada con tomate en una cafetería y me contestaron que no tenían mermelada de tomate… – Cuando ha terminado de masticar, ha preguntado - ¿Qué tal lo del trabajo?
-          Hoy en Infojob, entre las ofertas que se ajustan a mi perfil, me han mandado una en la que se pide un pintor de brocha gorda con furgoneta. - Le he contestado, contándole la anécdota del día.

Valeria se ha reído,

-          Me recuerda a tu amiga esa que te manda los trabajos más inverosímiles. - ha dicho, todavía riéndose - La que un día te llamó diciéndote que necesitaban gente en telefónica para poner postes telefónicos.
-          Sí, Mati.

Mati es una amiga de Marcos que parece tener amigos en todas partes y enterarse de todos los trabajos que salen al mercado, y cree firmemente que todos servimos para todo. Un día me llamó para decirme que en la empresa en la que trabajaba un amigo suyo, necesitaban un analista financiero y que ella había pensado en mí. Me he reído al acordarme. Luego, cambiando de tercio, le he preguntado a mi hermana

-          ¿Y tu hortelano? -
El hortelano es un chico que le gusta a Valeria. Marcos le llama así porque tiene una huerta de cultivo ecológico. Valeria le compra una cesta de verdura ecológica todas las semanas y algunas veces le echa una mano en la huerta.

-          Lo vi ayer. – No parecía muy entusiasmada - Vino a casa a traerme la cesta de la semana y le invité a un té -
-          ¿Y nada? - He preguntado yo.
-          Nada - Valeria ha levantado los hombros y ha hecho una mueca.
-          Deberías decirle algo, hace ya casi un año que te gusta.
-          No puedo.
-          ¿Por qué? - le he mirado sorprendida.
-          Porque me eché el otro día el I Ching y dice que espere.
-          ¡Ah! ¿Qué te Salió? – he contestado yo, como si fuera lo más normal tomar las decisiones de tu vida tras tirar tres monedas y ver lo que te dice el libro de la sabiduría china. Me he imaginado a Marcos escuchando la conversación y moviendo la cabeza mientras nos decía: “estáis como una cabra”.
-          La montaña  sobre la montaña – ha dicho Valeria -  La quietud. Son los otros los que deben actuar.
-          ¡Vaya! – he dicho, con tono de decepción. Luego, le he dado el último mordisco a la tostada y me he levantado para ir a por las tijeras. - ¿Cómo quieres que te lo corte? – le he preguntado, mientras iba hacia el baño ¡Como si yo tuviera la habilidad de cortar el pelo de otra forma que no fuera recto! Cuando estoy con mi hermana Valeria todo se vuelve un poco loco y es como si no hubiera límites y pudiéramos hacer lo que quisiéramos.

Valeria se ha levantado hablando muy emocionada,

-          ¿Te acuerdas el corte de pelo que llevaba la chica de JASP, cuando estábamos en la facul? – Me ha preguntado, siguiéndome al baño.
-          ¿JASP? – le he mirado con cara de “no sé de qué hablas”.
-          Jóvenes aunque sobradamente preparados. – me ha aclarado - La del anuncio, morena. Creo que era de Clio.
-          ¡Ah, sí! – he dicho intentando hacer memoria y, finalmente, acordándome – Pero… – he titubeando mirando a mi hermana con la boca un poco abierta – Valeria, yo no sé hacer eso…
-          Claro que sí. – ha contestado ella, sin darle ninguna importancia - La otra noche soñé con ese anuncio… – se ha quedado pensando un rato – y no sé lo que significa…, pero me he acordado de que yo quería cortarme así el pelo en la facul y nunca lo hice – se había sentado en el taburete, mirándose al espejo.
-          Vale – he accedido yo, muy animada de nuevo, y he  empezado a cortar según a mí me parecía, con una gran fe en que esa era la manera de hacerlo.

Mientras yo cortaba Valeria me contaba cosas del hortelano y sus últimas trifulcas con “el kinki del tambor” que por lo visto quería ser algo más que su percusionista y tenía celos del hortelano. De pronto, me he dado cuenta de que lo que había hecho no tenía nada que ver con el corte que mi hermana había deseado desde su juventud. ¡La verdad es que no se parecía ni a ese corte, ni a ninguno que yo hubiera visto nunca!

-          ¡Ay Valeria…! – he dicho, interrumpiendo su charla y poniendo cara de drama.
-          ¿Qué pasa? – Valeria me miraba por el espejo
-          ¡Qué me ha salido mal! – Yo seguía con cara de drama y tiraba de las dos puntas delanteras del pelo, como hacen las peluqueras; una era mucho más corta que la otra y el resto del pelo estaba lleno de trasquilones, incluido el flequillo. – ¡Esto es horrible! - Tenía ganas de llorar al ver el desastre donde antes estaba la larga y rubia melena de mi hermana.

Valeria se ha mirado un rato al espejo, tirando de un pelo aquí, de otro allá, levantándose y dándose la vuelta para mirarse la parte de atrás… Luego se  ha vuelto a sentar y me ha dicho,

-          Bueno…, pues corta más.
-          ¡¿Qué corte más? – No podía dar crédito a lo que me decía
-          Claro, no me puedo quedar así. Déjamelo corto – No parecía muy alarmada
-          Pero ¿No prefieres ir a la peluquería? – No me podía creer que no le importara lo que le había hecho en la cabeza
-          No, cariño, quiero que lo hagas tú. Anda corta.

He seguido cortando, sin saber muy bien lo que hacía y, ahora, además, con mucho miedo. Al rato me he dado cuenta de que aquello era un desastre y de que ya tenía poco arreglo porque el pelo más largo no medía 5 cm. Las dos nos hemos debido de dar cuenta a la vez porque nos hemos mirado a través del espejo con cara de circunstancia; luego nos hemos empezado a reír.

-          ¡Qué desastre, lo siento! – he dicho yo

Valeria se ha quedado mirándose un rato y luego me ha preguntado,

-          ¿Marcos tiene una maquinilla de esas de rapar el pelo?
-          ¡Noooooo! – es lo único que me ha salido decir.
-          ¿No tiene? – me ha preguntado.
-          Sí, si tiene. Digo, que no te atreverás a raparte la cabeza…
-          Sí – ha contestado tan tranquila – Llevo tiempo pensándolo. La verdad es que hoy he venido con esa intención. Ya sabía que Marcos tenía una maquinilla – y se ha empezado a reír mientras miraba mi expresión atónita.
-          ¡Eres una capulla! – le he gritado yo – ¡Casi me muero del disgusto! – pero enseguida he empezado a reírme con ella.

Luego, Valeria me ha echado el I-Ching y me ha salido el hexagrama 21: La mordedura tajante. Después de más de una hora de interpretación, hemos concluido que hay un obstáculo en mi vida que me está impidiendo avanzar. Puede ser algo externo o algo interno, dentro de mí, pero tengo que enfrentarme a ello de forma tajante y quitarlo del medio. Estábamos sentadas en el sofá del salón, tirando las monedas en la mesa y leyendo lo que decía el libro, cuando he escuchado que Marcos abría la puerta. Ha entrado en el salón y se ha quedado mirando la cabeza de Valeria, luego ha mirado el I-Ching y luego a mí. Finalmente, ha movido la cabeza y ha dicho riéndose: “Estáis como una cabra”.