- Hola mamá – he respondido - Pues estoy aquí, buscando
trabajo.
- ¡Ah! ¿Qué estás buscando trabajo?
- ¡¿Cómo que si estoy buscando trabajo?! ¡Mamá, llevo un año
buscando trabajo! Me echaron de mi trabajo ¿Recuerdas?
- Sí hija, claro que me acuerdo ¿Es que crees que soy
tonta? Pero no sabía que estuvieras buscando trabajo
- ¿Y qué creías que hacía?
- Hija, como tu novio está tan bien colocado… y como tú,
de vez en cuando, ya haces las transcripciones esas.
- ¡Mamá, las transcripciones esas las hice durante una
semana para una empresa de estudios de mercado y como algo que hacer mientras
no me sale un trabajo acorde con mi profesión! Y lo de mi novio… Lo de mi novio
vamos a dejarlo –.
Si es que no sé porque no hago como mi hermana; - si; no;
vale -. Claro, que luego mi madre trina; - ¡hija, es que con tu hermana no se
puede hablar! -, pero mi hermana ya ha intentado hablar con ellos muchas veces
y finalmente ha llegado a la conclusión de que lo mejor es decir; - si; no;
vale-.
Una de las veces que mi hermana Valeria intentó hablar
con mis padres fue cuando, después de seis años de carrera, con unas notas
excelentes, decidió abandonar la medicina y ni siquiera presentarse al MIR. En
lugar de ello dijo que se iba a dedicar a la danza oriental. Bueno, dijo y se
dedicó porque si algo es mi hermana es fiel a sí misma. Llevaba cinco años
recibiendo clases de danza oriental y decidió ejercerla de forma profesional. La
medicina le seguía gustando, su vocación le venía desde pequeña, pero lo que se
encontró en la facultad no era lo que se esperaba y se sintió decepcionada por
lo que allí se enseñaba y por un ambiente hipócrita y falto de verdadera
vocación. Mis padres no podían entenderlo. Si le hubieran escuchado hubieran
entendido que tenía verdaderas razones para abandonar aquello, pero ellos sólo
veían una niña caprichosa que “¡Toda la vida ha hecho lo que le ha venido en
gana!” Valeria empezó a bailar aquí y allá y pronto se vino a Madrid a bailar
con un percusionista portugués con el que mi madre pensaba que estaba liada y
le llamaba “El kinki ese, del tambor”. Luego empezó a dar clases de danza en
una academia. Con el tiempo volvió a la medicina, pero a la medicina naturista;
pasó unos meses en la india estudiando ayurbreda y ahora compagina las tres
cosa; las clases, los bolos y el ayurbreda.
Otra vez que mi hermana intentó hablar con ellos fue
cuando se quedó embarazada. Les dijo a mis padres que iba a tener una niña,
pero que no había padre. Ni siquiera a mí me ha dicho quien es el padre porque
dice que padres son quienes te aman y a su hija quien le ama es ella. Tardó
mucho tiempo en decírselo porque nunca encontraba el mejor momento para
aguantar sus reproches y sus opiniones sobre como debían hacerse las cosas en
la vida. Mis padres no pudieron entenderlo. Dijeron que un niño sin padre no
puede ser más que un desgraciado y, cuando la conversación empezó a acalorarse,
se escucharon palabras tales como “bastardo” y “golfa”. Al final se escuchó a
Valeria diciendo; si; no; vale.
La segunda llamada ha sido de Marian para contarme que el
sábado se lió con un tío
- ¿Y qué tal? - le he preguntado.
- Bien. Bueno, estábamos los dos muy borrachos, pero creo
que era muy majo y muy mono. Me acaba de llamar y hemos quedado el sábado para
cenar ¡Genial! -
Y la última de un estudio de arquitectura. ¡El
viernes a las 12.30 tengo una entrevista!