domingo, 29 de abril de 2012

Capítulo 5. Martes

Esta mañana he recibido tres llamadas; la primera, al fijo, sobre las 10:30, el inconfundible y semanal -¿Qué tal hija? - de mi madre. Es una obligación que se ha puesto desde hace un tiempo; llamar a mis hijas una vez a la semana ¿Para qué? Pues yo creo que para dar imagen de familia unida. Para mi madre la imagen es muy importante. No importa que luego no se entere ni de lo que hago ni de cómo estoy. Lo importante es que ella es una madre que llama a sus hijas una vez a la semana.

- Hola mamá – he respondido - Pues estoy aquí, buscando trabajo.

- ¡Ah! ¿Qué estás buscando trabajo?

- ¡¿Cómo que si estoy buscando trabajo?! ¡Mamá, llevo un año buscando trabajo! Me echaron de mi trabajo ¿Recuerdas?

- Sí hija, claro que me acuerdo ¿Es que crees que soy tonta? Pero no sabía que estuvieras buscando trabajo

- ¿Y qué creías que hacía?

- Hija, como tu novio está tan bien colocado… y como tú, de vez en cuando, ya haces las transcripciones esas.

- ¡Mamá, las transcripciones esas las hice durante una semana para una empresa de estudios de mercado y como algo que hacer mientras no me sale un trabajo acorde con mi profesión! Y lo de mi novio… Lo de mi novio vamos a dejarlo –.

Si es que no sé porque no hago como mi hermana; - si; no; vale -. Claro, que luego mi madre trina; - ¡hija, es que con tu hermana no se puede hablar! -, pero mi hermana ya ha intentado hablar con ellos muchas veces y finalmente ha llegado a la conclusión de que lo mejor es decir; - si; no; vale-.

Una de las veces que mi hermana Valeria intentó hablar con mis padres fue cuando, después de seis años de carrera, con unas notas excelentes, decidió abandonar la medicina y ni siquiera presentarse al MIR. En lugar de ello dijo que se iba a dedicar a la danza oriental. Bueno, dijo y se dedicó porque si algo es mi hermana es fiel a sí misma. Llevaba cinco años recibiendo clases de danza oriental y decidió ejercerla de forma profesional. La medicina le seguía gustando, su vocación le venía desde pequeña, pero lo que se encontró en la facultad no era lo que se esperaba y se sintió decepcionada por lo que allí se enseñaba y por un ambiente hipócrita y falto de verdadera vocación. Mis padres no podían entenderlo. Si le hubieran escuchado hubieran entendido que tenía verdaderas razones para abandonar aquello, pero ellos sólo veían una niña caprichosa que “¡Toda la vida ha hecho lo que le ha venido en gana!” Valeria empezó a bailar aquí y allá y pronto se vino a Madrid a bailar con un percusionista portugués con el que mi madre pensaba que estaba liada y le llamaba “El kinki ese, del tambor”. Luego empezó a dar clases de danza en una academia. Con el tiempo volvió a la medicina, pero a la medicina naturista; pasó unos meses en la india estudiando ayurbreda y ahora compagina las tres cosa; las clases, los bolos y el ayurbreda.

Otra vez que mi hermana intentó hablar con ellos fue cuando se quedó embarazada. Les dijo a mis padres que iba a tener una niña, pero que no había padre. Ni siquiera a mí me ha dicho quien es el padre porque dice que padres son quienes te aman y a su hija quien le ama es ella. Tardó mucho tiempo en decírselo porque nunca encontraba el mejor momento para aguantar sus reproches y sus opiniones sobre como debían hacerse las cosas en la vida. Mis padres no pudieron entenderlo. Dijeron que un niño sin padre no puede ser más que un desgraciado y, cuando la conversación empezó a acalorarse, se escucharon palabras tales como “bastardo” y “golfa”. Al final se escuchó a Valeria diciendo; si; no; vale.

La segunda llamada ha sido de Marian para contarme que el sábado se lió con un tío

- ¿Y qué tal? - le he preguntado.

- Bien. Bueno, estábamos los dos muy borrachos, pero creo que era muy majo y muy mono. Me acaba de llamar y hemos quedado el sábado para cenar ¡Genial! -

Y la última de un estudio de arquitectura. ¡El viernes a las 12.30 tengo una entrevista!

domingo, 22 de abril de 2012

CAPITULO 4: Lunes

Me he levantado hace un ratito, me he duchado y acabo de desayunar un café y tostadas con jamón y tomate que me han dejado el cuerpo listo para enfrentarme de nuevo a la búsqueda de trabajo. “Enfrentarme”. Ya he vuelto a usar esa palabra. Las palabras que usamos importan porque muestran nuestra actitud hacia las cosas; si me tomo la búsqueda de trabajo como algo a lo que me tengo que enfrentarme encontraré con un camino arduo y hostil. Al cambiar la palabra, cambia la actitud y hace que todo sea más fácil. Vale, cambio la palabra. ¿Qué puedo decir? ¿Voy a divertirme buscando trabajo? ¡Sí, hombre! El Universo se va a creer que me estoy pitorreando. Voy a bailar un vals con la búsqueda de trabajo. Voy a echar un kiki con la búsqueda de trabajo. Jaja. Podría decir que voy a enseñarle al mundo lo que tengo para ofrecer porque en algún sitio hay alguien que busca justo lo que yo tengo. ¡Anda que si me escucha Hugo se descojona! Me lo estoy imaginando, mirándome con cara de “a ti se te ha ido la perola” y diciendo - Pues como no le enseñes al mundo el Hello Kitty…-

Me he tomado la búsqueda de trabajo como si fuera un trabajo en sí mismo. Me he puesto un horario; de 09:00 a 13:00, de lunes a viernes, y lo llevo todo bajo una estricta organización. Tengo una libreta en la que apunto todas las empresas a las que envío mi currículum. Hago un recuadro con el nombre de la empresa en el que apunto puesto, fecha de envío del currículo, teléfono, persona de contacto, a qué se dedican y su página web, si tienen. Anoto también el tipo de carta de presentación que he enviado porque dependiendo del puesto al que va dirigido envío una carta de presentación u otra, destacando unas cualidades u otras. Tengo cinco tipos de cartas de presentación, enumeradas del uno al cinco.

Si me llaman para hacer la entrevista lo apunto dentro del recuadro y también apunto la fecha en la agenda del Microsoft Outlook. Si no me llaman, pasado un tiempo razonable, les llamo yo. Después de hacer la entrevista, apunto en el recuadro la fecha de la misma y vuelvo a llamarles si pasado un tiempo no me han llamado. Cuando ya doy el puesto por perdido tacho el cuadro con una X.

Marcos dice que la libreta es una obra de arte,

- Deberías llevarla a las entrevistas, - me dijo un día - da fe de tu buen hacer y meticulosa      organización. Si alguien no te contrata después de ver esto es que está loco.

-   Sí, - le dije yo - me contratará como mucho de secretaria y  después de ver todas las X, ni de eso. Nadie quiere a los rechazados :-(
 

Lo primero que hago, cuando me siento, a las 09:00 en mi mesa de trabajo es mirar la libreta para ver si tengo que hacer alguna llamada. Luego abro el ordenador, reviso el correo y echo un vistazo a facebook para ver que dice la gente y escribir algún comentario a algún amigo. Miro la agenda para ver si tengo alguna entrevista cercana y después abro las páginas de oferta de empleo. En realidad sólo miro Infojobs y la del colegio de arquitectos. Antes miraba cinco o seis, pero me di cuenta de que la mayoría son una patraña y las ofertas que tienen son mentira. Jamás me han llamado de una oferta de esas páginas. Así que dejé de mirar las páginas tipo todocurro.com, buscocurro.com, currosehadebidodequedarenelcaribe.com…

Hoy en Yahoo había un artículo sobre “El lenguaje del cuerpo y las entrevistas de trabajo” Lo he leído, aunque ya de antemano sabía que no iba a decir más que tonterías. Cuando acabé la carrera, hice un curso en el INEM para aprender a buscar trabajo. Te enseñaban a redactar el currículum y la carta de presentación; el currículum debe ser corto y conciso,. Si es posible, un solo folio y poniendo en negrita las cosas a destacar. En la carta de presentación hay que poner aquello de que eres una persona responsable, dinámica y trabajas muy bien en equipo… ¡Está claro! ¡No vas a poner que eres una persona perezosa y que tienes muy mala leche!

En el curso también daban consejos para preparar las entrevistas. Sobre todo los relacionados con el lenguaje del cuerpo; que si da la mano con firmeza, no cruces los brazos, mira al entrevistador a los ojos, no te tires de la oreja… Un montón de cosas que yo, al principio, intentaba hacer, pero que más que servirme de ayuda me ponían muy nerviosa. Estaba todo el rato pensando en si inclinaba la cabeza demasiado o en si tenía las palmas de las manos abiertas y hacia arriba para mostrar sinceridad y franqueza. Un día estaba en un estudio, esperando a ser entrevistada. Estaba sentada en un sillón que había a la entrada del estudio. Me decía a mí misma, una y otra vez,  todo lo que no tenía que hacer durante la entrevista; no tenía que frotarme las manos porque muestra impaciencia, ni mirar hacia abajo al hablar porque significa que no crees en lo que dices, ni jugar con mi pelo porque es falta de confianza… Estaba tan nerviosa pensando en todas estas cosas que, cuando apareció el chico que me iba a entrevistar y me saludó, me levanté, fui hacia él y le planté dos besos ¡Cómo si estuviéramos en un bar de copas! Durante toda la entrevista sólo podía pensar en esos dos besos. Sentía que tenía rojas hasta las orejas y, por supuesto, no paré de tocarme el pelo, frotarme las manos y mirar hacia abajo mientras hablaba. Después de la segunda o tercera entrevista dejé de prestar atención a estas cosas porque si el lenguaje del cuerpo muestra lo que eres ¡Pues que lo muestre, que tampoco soy tan horrible!

sábado, 14 de abril de 2012

Capítulo 3. Domingo noche

Estos cuatro días de desconexión me han dejado como nueva y lista para empezar de nuevo. No he hecho nada especial, simplemente he apagado la señal de “busco trabajo” de mi mente y he sido una persona que disfruta de su casa, de su novio, de su ciudad y de sus amigos. El viernes quedé con Hugo y con Marian para tomar algo en el in-dreams, un bar de la calle San Mateo que me gusta porque tiene un aire roquero que me recuerda a mi juventud granadina; los camareros llevan buggies y tupé, cuelgan mirror balls del techo y hay piel de vaca aquí y allí. Lo que en un principio iban a ser un par de cañas para hablar de la semana y desfogarnos un poco, se convirtió en una juerga que acabó a las cinco de la mañana en un bar de ambiente de Chueca, al que fuimos arrastradas por Hugo, que no quería irse esa noche a casa sin ligar. Aguanté allí estoicamente sus dos primeros intentos de ligue fallidos y me fui a casa, dejándole a su suerte, cuando inició contacto visual con un tercero. No he hablado con él luego, así que no sé como acabaría la cosa.

La noche empezó muy tranquila; lo de siempre; unas cañitas, un poco de conversación, cotilleos de éste y el otro…

- ¿Cómo va la búsqueda de curro? - Preguntó Marian.

Yo, que estaba dando un trago a la cerveza, moví la cabeza de un lado a otro y emití un “mmm”. Terminé de beber,

- No quiero hablar de eso - dije - me he tomado unas mini vacaciones de buscar curro.

Les conté mi derrumbamiento del miércoles al recibir la llamada de Ocebra Arquitectura rechazándome.

- Ahora estoy mejor - dije al final - y Marcos me ha animado mucho.

 Les hablé su teoría de que un 20% de parados significa un 80% de empleados y que por lo tanto lo normal es encontrar curro.

- Ya - dijo Hugo - esa teoría está muy bien para aplicarla a otros gremios, pero olvidas, guapa, que tú eres arquitecto. Lo que tienes que pensar es cuántos arquitectos tienen trabajo en estos momentos. Seguro que la proporción baja considerablemente.

- ¡Ya está el aguafiestas! - le reprendió Marian - pues tú bien que encontraste curro.

Hugo y yo trabajábamos juntos en "El Estudio". Así nos conocimos. El año pasado, cuando empezó el declive inmobiliario, empezaron a despedir gente a granel hasta que de veinticuatro que era la plantilla, sólo quedaron seis. Hugo, después de acompañarme en la búsqueda de trabajo durante cinco largos meses, encontró trabajo haciendo informes de accesibilidad.

- Bueno – dijo - si a esto se le puede llamar curro. He estudiado una carrera de arquitectura para decir; aquí falta una barandilla, ese escalón mide más de la cuenta… Cobro una miseria y ni siquiera me dan de alta sino que tengo que hacer el trabajo como autónomo ¡Así están las cosas para los arquitectos en este momento! - Terminó, mirándome a mí.

- Lo de las condiciones precarias en el trabajo de los arquitectos no es algo que haya venido con la crisis - le espeté yo - antes de esto ya era raro el arquitecto al que le daban de alta en su curro, pero es ahora cuando pagamos las consecuencias y, después de seis años trabajando para un estudio, no tenemos ni derecho a paro. ¡Joder, que llevo un año viviendo de mis ahorros, ya se me están acabando y no tengo ni idea de qué voy a hacer! - Según hablaba iba creciendo mi indignación y me había puesto roja.

- Bueno, bueno, no te sulfures - me dijo Hugo - ¿Cómo era eso que tenías que decir? - “Lo quiero todo y lo quiero ya”.

- ¡Calla, idiota! - le dije –  “Me merezco lo mejor y lo acepto ahora mismo”

Hugo se rió,

- ¿Y crees que diciendo eso vas a encontrar trabajo?

Marian se unió a sus burlas,

- Oye y si yo repito muchas veces: “la novia del Chema se va a vivir al Japón y me deja el camino libre” - ¿Se cumplirá?

- Hombre - dije yo - no creo que eso valga. Yo creo que puedes pedir cosas para ti, pero no puedes influir en los demás. - Los dos se estaban partiendo de la risa,

- El camarero nos invita a las cañas - dijo Hugo, cerrando los ojos y poniendo las manos en posición de ohm. Miró al camarero y añadió – y luego me invita a ir a su casa, ¡Qué está muy bueno!

Marian lo miró también,

- O a mí - dijo.

- ¡Y un pétalo de rosa, que tú ya tienes al Chema!

-¡Que yo ya paso del Chema! - dijo Marian

- ¿De verdad? - Le pregunté yo, encantada con aquella declaración.

- Sí. Ya me estoy cansando de esta situación. La próxima vez que me llame le voy a decir que no me llame más.

- ¡Bien hecho! - dijo Hugo - ¡Ala, pues te dejo al camarero!