Estos cuatro días de desconexión me han dejado como nueva y lista para empezar de nuevo. No he hecho nada especial, simplemente he apagado la señal de “busco trabajo” de mi mente y he sido una persona que disfruta de su casa, de su novio, de su ciudad y de sus amigos. El viernes quedé con Hugo y con Marian para tomar algo en el in-dreams, un bar de la calle San Mateo que me gusta porque tiene un aire roquero que me recuerda a mi juventud granadina; los camareros llevan buggies y tupé, cuelgan mirror balls del techo y hay piel de vaca aquí y allí. Lo que en un principio iban a ser un par de cañas para hablar de la semana y desfogarnos un poco, se convirtió en una juerga que acabó a las cinco de la mañana en un bar de ambiente de Chueca, al que fuimos arrastradas por Hugo, que no quería irse esa noche a casa sin ligar. Aguanté allí estoicamente sus dos primeros intentos de ligue fallidos y me fui a casa, dejándole a su suerte, cuando inició contacto visual con un tercero. No he hablado con él luego, así que no sé como acabaría la cosa.
La noche empezó muy tranquila; lo de siempre; unas cañitas, un poco de conversación, cotilleos de éste y el otro…
- ¿Cómo va la búsqueda de curro? - Preguntó Marian.
Yo, que estaba dando un trago a la cerveza, moví la cabeza de un lado a otro y emití un “mmm”. Terminé de beber,
- No quiero hablar de eso - dije - me he tomado unas mini vacaciones de buscar curro.
Les conté mi derrumbamiento del miércoles al recibir la llamada de Ocebra Arquitectura rechazándome.
- Ahora estoy mejor - dije al final - y Marcos me ha animado mucho.
Les hablé su teoría de que un 20% de parados significa un 80% de empleados y que por lo tanto lo normal es encontrar curro.
- Ya - dijo Hugo - esa teoría está muy bien para aplicarla a otros gremios, pero olvidas, guapa, que tú eres arquitecto. Lo que tienes que pensar es cuántos arquitectos tienen trabajo en estos momentos. Seguro que la proporción baja considerablemente.
- ¡Ya está el aguafiestas! - le reprendió Marian - pues tú bien que encontraste curro.
Hugo y yo trabajábamos juntos en "El Estudio". Así nos conocimos. El año pasado, cuando empezó el declive inmobiliario, empezaron a despedir gente a granel hasta que de veinticuatro que era la plantilla, sólo quedaron seis. Hugo, después de acompañarme en la búsqueda de trabajo durante cinco largos meses, encontró trabajo haciendo informes de accesibilidad.
- Bueno – dijo - si a esto se le puede llamar curro. He estudiado una carrera de arquitectura para decir; aquí falta una barandilla, ese escalón mide más de la cuenta… Cobro una miseria y ni siquiera me dan de alta sino que tengo que hacer el trabajo como autónomo ¡Así están las cosas para los arquitectos en este momento! - Terminó, mirándome a mí.
- Lo de las condiciones precarias en el trabajo de los arquitectos no es algo que haya venido con la crisis - le espeté yo - antes de esto ya era raro el arquitecto al que le daban de alta en su curro, pero es ahora cuando pagamos las consecuencias y, después de seis años trabajando para un estudio, no tenemos ni derecho a paro. ¡Joder, que llevo un año viviendo de mis ahorros, ya se me están acabando y no tengo ni idea de qué voy a hacer! - Según hablaba iba creciendo mi indignación y me había puesto roja.
- Bueno, bueno, no te sulfures - me dijo Hugo - ¿Cómo era eso que tenías que decir? - “Lo quiero todo y lo quiero ya”.
- ¡Calla, idiota! - le dije – “Me merezco lo mejor y lo acepto ahora mismo”
Hugo se rió,
- ¿Y crees que diciendo eso vas a encontrar trabajo?
Marian se unió a sus burlas,
- Oye y si yo repito muchas veces: “la novia del Chema se va a vivir al Japón y me deja el camino libre” - ¿Se cumplirá?
- Hombre - dije yo - no creo que eso valga. Yo creo que puedes pedir cosas para ti, pero no puedes influir en los demás. - Los dos se estaban partiendo de la risa,
- El camarero nos invita a las cañas - dijo Hugo, cerrando los ojos y poniendo las manos en posición de ohm. Miró al camarero y añadió – y luego me invita a ir a su casa, ¡Qué está muy bueno!
Marian lo miró también,
- O a mí - dijo.
- ¡Y un pétalo de rosa, que tú ya tienes al Chema!
-¡Que yo ya paso del Chema! - dijo Marian
- ¿De verdad? - Le pregunté yo, encantada con aquella declaración.
- Sí. Ya me estoy cansando de esta situación. La próxima vez que me llame le voy a decir que no me llame más.
- ¡Bien hecho! - dijo Hugo - ¡Ala, pues te dejo al camarero!
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