domingo, 22 de abril de 2012

CAPITULO 4: Lunes

Me he levantado hace un ratito, me he duchado y acabo de desayunar un café y tostadas con jamón y tomate que me han dejado el cuerpo listo para enfrentarme de nuevo a la búsqueda de trabajo. “Enfrentarme”. Ya he vuelto a usar esa palabra. Las palabras que usamos importan porque muestran nuestra actitud hacia las cosas; si me tomo la búsqueda de trabajo como algo a lo que me tengo que enfrentarme encontraré con un camino arduo y hostil. Al cambiar la palabra, cambia la actitud y hace que todo sea más fácil. Vale, cambio la palabra. ¿Qué puedo decir? ¿Voy a divertirme buscando trabajo? ¡Sí, hombre! El Universo se va a creer que me estoy pitorreando. Voy a bailar un vals con la búsqueda de trabajo. Voy a echar un kiki con la búsqueda de trabajo. Jaja. Podría decir que voy a enseñarle al mundo lo que tengo para ofrecer porque en algún sitio hay alguien que busca justo lo que yo tengo. ¡Anda que si me escucha Hugo se descojona! Me lo estoy imaginando, mirándome con cara de “a ti se te ha ido la perola” y diciendo - Pues como no le enseñes al mundo el Hello Kitty…-

Me he tomado la búsqueda de trabajo como si fuera un trabajo en sí mismo. Me he puesto un horario; de 09:00 a 13:00, de lunes a viernes, y lo llevo todo bajo una estricta organización. Tengo una libreta en la que apunto todas las empresas a las que envío mi currículum. Hago un recuadro con el nombre de la empresa en el que apunto puesto, fecha de envío del currículo, teléfono, persona de contacto, a qué se dedican y su página web, si tienen. Anoto también el tipo de carta de presentación que he enviado porque dependiendo del puesto al que va dirigido envío una carta de presentación u otra, destacando unas cualidades u otras. Tengo cinco tipos de cartas de presentación, enumeradas del uno al cinco.

Si me llaman para hacer la entrevista lo apunto dentro del recuadro y también apunto la fecha en la agenda del Microsoft Outlook. Si no me llaman, pasado un tiempo razonable, les llamo yo. Después de hacer la entrevista, apunto en el recuadro la fecha de la misma y vuelvo a llamarles si pasado un tiempo no me han llamado. Cuando ya doy el puesto por perdido tacho el cuadro con una X.

Marcos dice que la libreta es una obra de arte,

- Deberías llevarla a las entrevistas, - me dijo un día - da fe de tu buen hacer y meticulosa      organización. Si alguien no te contrata después de ver esto es que está loco.

-   Sí, - le dije yo - me contratará como mucho de secretaria y  después de ver todas las X, ni de eso. Nadie quiere a los rechazados :-(
 

Lo primero que hago, cuando me siento, a las 09:00 en mi mesa de trabajo es mirar la libreta para ver si tengo que hacer alguna llamada. Luego abro el ordenador, reviso el correo y echo un vistazo a facebook para ver que dice la gente y escribir algún comentario a algún amigo. Miro la agenda para ver si tengo alguna entrevista cercana y después abro las páginas de oferta de empleo. En realidad sólo miro Infojobs y la del colegio de arquitectos. Antes miraba cinco o seis, pero me di cuenta de que la mayoría son una patraña y las ofertas que tienen son mentira. Jamás me han llamado de una oferta de esas páginas. Así que dejé de mirar las páginas tipo todocurro.com, buscocurro.com, currosehadebidodequedarenelcaribe.com…

Hoy en Yahoo había un artículo sobre “El lenguaje del cuerpo y las entrevistas de trabajo” Lo he leído, aunque ya de antemano sabía que no iba a decir más que tonterías. Cuando acabé la carrera, hice un curso en el INEM para aprender a buscar trabajo. Te enseñaban a redactar el currículum y la carta de presentación; el currículum debe ser corto y conciso,. Si es posible, un solo folio y poniendo en negrita las cosas a destacar. En la carta de presentación hay que poner aquello de que eres una persona responsable, dinámica y trabajas muy bien en equipo… ¡Está claro! ¡No vas a poner que eres una persona perezosa y que tienes muy mala leche!

En el curso también daban consejos para preparar las entrevistas. Sobre todo los relacionados con el lenguaje del cuerpo; que si da la mano con firmeza, no cruces los brazos, mira al entrevistador a los ojos, no te tires de la oreja… Un montón de cosas que yo, al principio, intentaba hacer, pero que más que servirme de ayuda me ponían muy nerviosa. Estaba todo el rato pensando en si inclinaba la cabeza demasiado o en si tenía las palmas de las manos abiertas y hacia arriba para mostrar sinceridad y franqueza. Un día estaba en un estudio, esperando a ser entrevistada. Estaba sentada en un sillón que había a la entrada del estudio. Me decía a mí misma, una y otra vez,  todo lo que no tenía que hacer durante la entrevista; no tenía que frotarme las manos porque muestra impaciencia, ni mirar hacia abajo al hablar porque significa que no crees en lo que dices, ni jugar con mi pelo porque es falta de confianza… Estaba tan nerviosa pensando en todas estas cosas que, cuando apareció el chico que me iba a entrevistar y me saludó, me levanté, fui hacia él y le planté dos besos ¡Cómo si estuviéramos en un bar de copas! Durante toda la entrevista sólo podía pensar en esos dos besos. Sentía que tenía rojas hasta las orejas y, por supuesto, no paré de tocarme el pelo, frotarme las manos y mirar hacia abajo mientras hablaba. Después de la segunda o tercera entrevista dejé de prestar atención a estas cosas porque si el lenguaje del cuerpo muestra lo que eres ¡Pues que lo muestre, que tampoco soy tan horrible!

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