jueves, 31 de enero de 2013

Capítulo 14. lunes

He pasado el fin de semana separando las habichuelas buenas de las habichuelas malas con Valeria. “Lo que haces en tu cuerpo, lo haces en tu mente” dice el Zen.

Separar las habichuelas simboliza hacer una limpieza en tu mente. Clasificas tus pensamientos y decides cuales te sirven y cuales se han quedado caducos; algunos pensamientos son feos, causan más dolor que buenos ratos y te frenan más que te impulsan. Esos los quitas. Otros son muy valiosos, traen alegría y te hacen avanzar. Esos los dejas, los cuidas y los riegas para que florezcan.

Como Valeria estaba un poco deprimida, me ofrecí a ayudarle con las habichuelas y así pasar tiempo con ella. Yo me esperaba que fuera una caja como las de la verdura, o dos, a lo sumo, pero cuando llegué a casa de Valeria me encontré con un saco tan alto como yo. ¡Vamos que el hortelano, en vez de preguntarle a Valeria si tenía algo que hacer el sábado, le debería haber preguntado si tenía algo que hacer el resto del año! ¡Menudo morro!

El domingo por la mañana Marian se unió a nosotras y la tarea se convirtió en terapia de chicas. Separábamos habichuelas mientras cotorreábamos. Lo típico cuando se juntan mujeres; muchos sentimientos, miedos, fantasías, mucho hablar en alto para aclararse una misma, hombres, por supuesto, analizar punto por punto cada situación, volver a analizarla por si se nos ha pasado algo por alto, escuchar, dar opiniones…
Marian ha decidido registrarse en Internet en una página de búsqueda de pareja. Está convencida de que es imposible conocer a un tío decente en su vida cotidiana:

- ¡¿Cómo voy a conocer a un tío decente si en el curro sólo trato con delincuentes y en la calle con geys?!
- En el curro también tratas con abogados.
- ¡¿Qué dices?! ¡Prefiero a los delincuentes! Los abogados son unos pedantes insoportables y unos arrogantes. Además…, están todos casados.

No lo dice en coña; alguna vez ya se ha liado con alguno de sus clientes. Y no me refiero a alguno que la hubiera contratado para divorciarse, que también…; una vez se lió con un tío al que acusaban de haber atracado a la cajera de un súper con un cuchillo. Le había caído condena, pero no había entrado en la cárcel por ser la primera vez. Ella estaba convencida de que era inocente; “no era él, lo habían confundido con otro”. Se había cegado hasta tal punto que no se daba cuenta de la pinta de “yonki” que tenía. “¡Qué exagerados!” Nos decía. Además, ”lo que le pasaba al pobre es que había tenido una infancia muy dura y nadie lo había sabido comprender. Sólo le hacía falta alguien que le diera cariño y sacaría lo mejor que había dentro de él”. Como lo mejor de él no salía nunca, por mucho cariño que le diera Marian, y como, gracias a Dios, Marian puede que se ciegue con los tíos, pero no es tonta, al final le dejó. Quedó con él para decirle que se había acabado y él… la atracó, así, literalmente, le amenazó y se llevó su bolso.

Como Valeria no tiene ordenador, por la tarde me fui con Marian a su casa para ayudarle a que se registrara en el “Meeting”.

-          Meeting no, Meetic, que ya estás como tu madre cambiando el nombre a las cosas.
-          ¡Ah! ¡Meetic! ¡Qué gracia! “meet” de conocerse y “tic”, como clic, pero tic…
Marian me miró largo rato, levantando las cejas y sin decir nada.
- En vez de “clic” de clicar, “tic” de…
- Sí, ya, ya, lo pillo – me interrumpió con la mala leche que le caracteriza a veces.

La página ésta se las trae un poco con las preguntitas, que si cuánto ganas, que si estás buena o no, que si buscas un hombre soltero o divorciado o viudo o yo qué sé, que cuánto quieres que gane… Nosotras aceptamos toda la humillación y seguimos adelante, ¡Todo sea por encontrar al hombre perfecto!

Luego, es como un catálogo de chicos. Tú “ticas” (Marian me mira de reojo), digo que clicas en el que quieras y se abre una página con todo su perfil; fotos, descripción, y algunos comentarios suyos.

- ¡Mira éste que mono! ¿A ver? ¡Ábrelo! – Marian me gritaba emocionada
Yo “tiqué” (vale, vale, ya lo dejo), cliqué encima de la foto y Marian leyó la descripción que apareció al abrirse el perfil,
-          39 años, técnico, divorciado, “He sufrido mucho y no sé si podré volver a amar algún día”.
-          ¡Pobrecito! ¡con lo mono que es!
-          ¡Ala, ya estamos! – Exclamé yo
-          ¡¿Qué?!
-          ¡Pues que no quieres a alguien que no sabe si podrá volver a amar algún día! ¡Quieres a alguien capaz de amar y que te ame!
-          Pero eso se cura con mucho amor.
-          Marian, no puedes ir por el mundo intentando salvar hombres desvalidos. Eso no funciona así. Quien quiere salvarse, se salva sólo y quien no quiere, no se salva por mucho cariño y amor que tú le des. Y éste ya te lo está diciendo a gritos; ha decidido hacerse el mártir y busca alguien que se trague toda su porquería – Yo estaba muy enfadada. Igual mi enfado era un poco desproporcionado, pero creo que alguien se tiene que poner ya serio con el  tema de Marian y los hombres ¿Es normal que entre cientos de hombres que hay en esta página, en vez de elegir a uno que esté bien, se vaya justo a por el que está mal para ver si lo puede arreglar? ¡Así le va después! -¿Quieres un hombre de verdad a tu lado o quieres ir deambulando por el mundo echando cariño en saco roto?
-          Quiero un hombre de verdad – dijo muy bajito y encogida ante mi regañina.
-          ¡Pues entonces busca un hombre que, por lo menos, vaya a ser capaz de amarte!
-          Tienes razón – dijo tras un rato callada - Creo que te voy a necesitar a mi lado para esto. Porque yo lo hago fatal.
-          Bueno, no te preocupes. Esta vez va a ir bien. Ya verás. Sólo tienes que tener un poco de cuidado.

El siguiente decía  “Soy una persona muy maleable y generoso”

-          Jajaja… Este pobre… Le pronostico muy mal futuro…
-           Sí, y luego no entenderá porque siempre le tocan tías que son unas brujas.
-          E irá por ahí asegurando que todas las mujeres son unas arpías.
-          Jajaja…

Otro decía “Estoy muy bueno, para que decir nada más”. Jajajaja

-¡Abre a Pijus Magníficus! – Marian me tiraba de la manga y me señalaba una foto.

No podía haberlo definido mejor, 38 años, traje impecable, con chaleco y corbata, melenita perfectamente lisa y en su descripción decía “Consentidor”.

- ¿Consentidor? ¡Dios mío! ¿Este a quien se cree que se va a ligar, a Chabeli Iglesias?
- ¡¿Consentidor?! – Yo me indigné - Para poder consentir, uno tiene que tener el mando, ¿no? – Leí un poco más abajo - ¡Mira, mira, busca mujer máximo 29 años!
- Bueno, bueno, cierra eso que me están dando ganas de potar – Marian puso la mano delante del ordenador para indicar que no quería ni verlo. Luego añadió - ¡Animalico!
- ¿Quién?
- La pobre niña que caiga en sus redes. ¡Anda cierra eso!

Había un montón de: “soy muy sensible y sé escuchar”. Está claro que se han aprendido lo que hay que decirle a una tía para ligar hoy en día. Pero también había chicos muy monos con perfiles interesantes.

-          Vamos a hacernos un perfil de tío – Ha dicho Marian
-          ¿De tío? ¿Para qué?
-          Pues para ojear la competencia.

¡Esta chica está en todo!

Hay muchas menos chicas que chicos y la mayoría de ellas no ponen foto o ponen fotos de flores o de sus mascotas. Parece que nos da más vergüenza registrarnos en estas páginas a nosotras que a ellos. Marian sí que ha puesto una foto, ¡Y bien guapa que está! y su perfil es mucho más interesante que el de todas las demás. Yo, si fuera un chico, desde luego, no lo dudaría… Bueno, esperemos a ver que frutos da…

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