¡Indignada! Es la palabra que utilizó Marian para definir su estado de ánimo por lo que pasó el sábado. Y “Troglodita” el que utilizó para calificar a su ligue.
Quedaron a las nueve para cenar en un restaurante japonés. La primera impresión fue buena; el chico era tan mono como Marian lo recordaba y parecía muy majo. Durante la cena todo fue bastante bien, aunque, para el gusto de Marian, demasiado rápida. Al terminar, a ella le hubiera gustado quedarse un rato de sobremesa, charlando, pero él estaba impaciente por marcharse.
Al salir decidieron ir a casa de Marian a tomar una copa. Estaban en el salón, bebiendo vino, escuchando música, riéndose; porque el troglodita era muy divertido, y miraba a Marian como si fuera la chica más guapa del planeta, y le besaba como si no quisiera hacer nada más, nunca, que besarle, y le decía “¡Que cosa tan bonita!”, y ella le miraba, pensando que era una mezcla de niño perdido y hombre que la deseaba, y no podía resistirse al deseo de salvarle de lo que fuera que necesitara ser salvado.
- ¿Nos vamos a la cama?- dijo entonces el troglodita.
- Mmm -, contestó Marian mientras le mordía el labio inferior.
- Coge una peli -, dijo el troglo, levantándose del sillón
- ¿Cuál te apetece? -, Preguntó Marian, encantada de compartir sus cosas con él.
- La que quieras, es que no puedo dormir sin ruido.
“Es que es muy chiquitillo” pensó con ternura, aunque casi tenía cuarenta años, y eligió la peli de Dustin Hoffman “El graduado”.
Cuando Marian llegó al cuarto con la peli, el troglodita ya se había desnudado y metido en la cama. Marian fue a poner la película y entonces pensó “¿Una peli? Será mejor poner música. Acabamos de tener una cita, hemos ido a cenar, hemos bebido vino en casa y ahora vamos a dormir juntos ¿Una peli?”
- ¿Pongo mejor música? - le preguntó.
- No, música no, que no me duermo. La peli me entretiene hasta dormirme.
- Bueno, pero me tienes a mí -, dijo Marian, poniendo la película y yendo hacia la cama.
- ¡Hombre! ¡Claro! A ti te prefiero antes que mil pelis ¡Faltaría más!
Marian estaba al borde de la cama y se dio cuenta de que estaba vestida y de que se iba a tener que quitar ella la ropa. Se quito sólo los pantalones, y lo demás.. ¡Si quiere que me lo quite él! pensó. Marian se metió en la cama y, no os voy a contar los detalles, pero el resumen es que, a partir de ese momento, todos los que estaban en esa cama se ocuparon de que el troglodita se lo pasara bien.
- ¡Me lo he pasado genial! -, dijo satisfecho, al terminar.
- Ya, ya lo he visto -, contestó Marian sarcástica.
- Oye ¿Tienes algo de comer? -, preguntó de pronto
- ¿Qué quieres? - Marian empezaba a estar un poco enfadada.
- No sé. Lo que sea; un colacao con galletas.
¡Puff! Sonó en la cabeza de Marian,
- Ahora te lo traigo-, dijo levantándose de la cama.
Fue a la cocina, sacó la leche de la nevera, llenó un vaso, lo metió en el microondas, abrió el armario del colacao…Estaba a punto de preguntarle si quería colacao o nesquik, pero reaccionó “¡Ni de coña!”.
- ¡¿Es Dustin Hofman?! - escuchó al troglodita gritando desde el cuarto. Marian no contestó porque estaba en el preciso momento en que los demonios le habían subido a la cabeza.
- ¡Marian! Gritó de nuevo el troglodita ¿Es Dustin Hofman?
Sí, “troglo”, sí, contestó bajito desde la cocina. Puso la leche caliente, el colacao, el azúcar y las galletas en una bandeja.
Marian volvió al cuarto con la bandeja y la puso en la mesilla del lado de la cama en el que estaba él. El troglodita empezó a engullir mientras comentaba la película.
- Me está interesando la peli ésta – Seguía comiendo -¡Que tía más perra! ¿No?
Marian miraba la película que ya había visto cien veces. De vez en cuando echaba un vistazo al troglo que le preguntó,
- ¿Quieres un poco?
- No, gracias.
El troglodita acabó de comer; retiró la bandeja; puso la cabeza en la almohada y se dispuso a dormir con la película de fondo haciéndole de nana. Ni le miró, ni le besó, ni le abrazó. De pronto roncaba.
Al día siguiente se despidieron con un beso en la puerta.
- ¿Repetiremos? -, preguntó el Troglo
Y Marian contestó,
- ¡Hombre, igual no!
Marian estaba muy cabreada,
- ¡¿Es que es imposible echar un polvo decente?! -, se quejó. - Llevo sin echar un buen polvo desde que lo deje con Luis y ya hace más de un año.
- El problema es el rollo de los sexos distintos -, dijo Hugo. - Que no os comprendéis. Eso no pasa entre los geys porque todos sabemos lo que queremos
- ¿Quieres decir que si fuera lesbiana sería más fácil?
- Seguramente.
- ¡No digas tonterías! Los gares sufrís el mundo de las citas tanto como lo sufrimos los heteros. O más.
- ¡Claro que sí!, pero no me refiero a entenderse emocionalmente, me refiero sólo a sexo. Tenemos las cosas más claras.
- Nosotras también. Los que no las tienen muy claras son los tíos que se creen los rollos de las pelis; el tío encima y la tía debajo gritando de placer ¿De verdad os creéis que una tía puede pasárselo bien así?
- ¡Eh, a mí no me metas!, que yo ahí no tengo nada que ver-, se defendió Hugo.
De pronto Marian se dio cuenta de que yo no había intervenido en la discusión,
- ¿Tú no dices nada? -, me preguntó - ¡Claro, cómo tienes una relación sexual de puta madre…?
- Pues no te creas -, dije decaída - últimamente con el agobio de buscar trabajo no tengo ganas de nada. Hace un mes que no echamos un polvo -, confesé.
- ¡Ostra! -, Se le escapó a Marian - ¿Y Marcos que dice?
- Pues, no dice mucho. Está siendo muy comprensivo. Aunque ya empiezo a notar que se está cansando ¡Joder, este estrés se va a cargar también mi relación!
- ¡Buah, no te preocupes! -, dijo Hugo riéndose, - si para que tu novio tenga un orgasmo sólo tienes que enseñarle tu libreta esa que tienes para buscar curro…
- ¡Qué gilipoyas eres! -, le contesté, pero me hizo gracia.
- No te lo tomes a mal, hombre… si ya sabes que estoy loquito por tu novio
Llegué a casa a las once. Marcos estaba sentado en el sofá viendo una peli. Me acerqué por detrás, le mordí la oreja; luego el cuello… El se levantó, me besó y me llevó a la cama; me quitó la ropa y me recordó porque me gusta tanto hacer el amor con él. Le conté la historia del troglodita y los dos nos reímos.
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