miércoles, 28 de marzo de 2012

Capítulo 1. Miércoles

¡Ya no puedo más! Y no lo digo como algo que se dice por decir, carente de sentido. Lo digo consciente de lo que significa ¡No puedo más! No me quedan fuerzas para volver a sentarme ante el ordenador y abrir la página de ofertas de empleo. No me quedan fuerzas para mandar un currículum más. No me quedan fuerzas para ir a otra entrevista; pasarme una hora vistiéndome para conseguir la imagen que más se ajuste al puesto, pero que, a la vez, parezca casual. Para prepararme para las preguntas más rebuscadas. Para poner otra sonrisa. Para fingir, ante unas personas que no me conocen y que me juzgarán en media hora, que estoy muy bien y que tengo mucha confianza en mí misma. Porque no la tengo; porque lo que en realidad pienso es que es imposible que me den a mí un trabajo para el cual entrevistan a sesenta personas, que cada día que pasa, desde hace un año que me quedé sin trabajo, es un punto más en mi contra, que nunca va a aparecer un puesto en el que mi perfil encaje porque parece que todos los extras que he añadido a mi currículum son justo los que no se requieren; ni mi inglés perfectamente hablado, ni mis dos años de japonés, ni mi perfecto manejo de Presto y Autocad…

Tiene gracia que cuando empecé a estudiar arquitectura la gente me hiciera comentarios como si yo ya tuviera el futuro resuelto. Sí, señor amigo de mi padre, tenía usted mucha razón en eso de que era una carrera dura que me llevaría muchos años de estudio y mucho sufrimiento, sin embargo, fíjese, no acertó con eso de que luego tendría el porvenir asegurado. 

Yo lo intento, de verdad que intento ser positiva y pensar que si esta vez no me han cogido es que no era mi puesto, que mi puesto es otro mucho mejor, que está esperando a la vuelta de la esquina, pero llevo un año, un año ya, cayéndome y levantándome y hoy, cuando me han llamado de Ocebra Arquitectura para decirme que no he sido seleccionada me he vuelto a caer y mira, ya no me quiero levantar. Se está bien en el suelo. Está fresquito en verano y, al menos, sabes donde estás y no te haces ilusiones que luego se desmoronan. 

Estaba tumbada en el sofá, dándome mucha pena de mí misma, pensando que el Universo conspiraba contra mí y que nunca iba a encontrar un trabajo y que ya no lo iba a intentar más o que, al menos, iba a coger un mes de descanso para recuperar las fuerzas, cuando ha llegado Marcos a casa. El pobrecito se ha asustado cuando me ha visto tirada en el sofá, rodeada de pañuelos de papel usados, los ojos rojos y la nariz hinchada. 

-Creía que había pasado algo. - Me ha dicho.  

Hombre, que me hayan rechazado de un trabajo es algo, digo yo. Claro, que como ocurre con tanta frecuencia, seguramente ha perdido la cualidad de; “algo que merece ser mencionado”. 

-No, mujer, sólo que creía que era algo peor. 

Luego se ha preocupado más, cuando se ha dado cuenta de que esta vez era diferente, que había tocado fondo y que no tenía ganas de seguir adelante. 

-Sé que esto es muy duro, - Me ha dicho, sentado junto a mí y acariciándome el brazo. - pero no te rindas. Tienes que seguir. Las cosas están mal, pero hay gente que encuentra trabajo ¿Por qué no vas a ser tú una de ellos? Hay un 20% de paro en España, lo que quiere decir que hay un 80% de trabajo ¿Por qué vas a pertenecer tú a la minoría? 

La verdad es que razón no le falta y, miradas así las cifras, lo difícil es no tener trabajo. Entonces ¿Por qué llevo un año buscándolo sin encontrarlo? A ver si va a tener razón mi hermana y lo que me ocurre es que tengo un modelo mental y que no encuentro trabajo porque creo que no puedo encontrar trabajo.

Pero ahora estoy agotada de pensar, llorar, decidir no seguir adelante, luego decidir que sí… Ya pensaré mañana en modelos mentales.

2 comentarios:

  1. Al menos, dentro de todo el abismo, la Pulga tenía a alguien sabio a su lado que le hacía pensar en modelos mentales. ¡Y que podía leer antigua sabiduría China! Gracias, hermana.

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